(por Luis Nogueira Serrano)

 

“Lo que oímos es una opinión, no un hecho. Lo que vemos es un punto de vista, no la verdad” Marco Aurelio

Todos nosotros somos expertos cabalgadores de burros. Bajarnos de ellos supone dar un paso de humildad que nuestro alto concepto del yo no está dispuesto a asumir. Vengo observando que los burros convierten nuestros diálogos en palabras huecas, y discusiones estériles. Desgraciadamente no estoy hablando de erística ¡Ojalá!

El maestro chino Foyan estableció que había dos tipos de enfermedades, refiriéndose a estas como las obsesiones que aprisionan la mente humana y no le permiten ver con claridad. La primera de ellas es montar un burro y salir a buscar un burro. La segunda es desmontar del burro una vez lo hemos montado. Además añade que la más difícil de tratar es la segunda. Nos dice con especial lucidez: “No necesitas montar el burro… ¡Tú eres el burro! El mundo entero es el burro…”

Siempre he pensado que las convicciones son un buen armamento de la persona de carácter. Sigo pensándolo de igual forma, aunque ahora entiendo que existe una sutil pero importante diferencia entre las convicciones que nos provocan cambios personas y las que nos restringen a mantenernos contracorriente a la naturaleza, es decir, inmutables con el paso del tiempo. Platón ya nos avisó en el mundo de las ideas como formas inmutables, sin embargo, nosotros mortales cambiamos segundo a segundo. Aldoux Huxley prologó 15 años después (o mejor dicho, quince años más abajo en el plano inclinado de la historia moderna) del lanzamiento de su obra más conocida “Un mundo feliz” aclarando la tentación de alterar algunas ideas originales del texto pero dejando de lado el remordimiento y siendo consciente de que quién escribió ese libro no era el, sino el hombre que fue 15 años antes. Gran reflexión.

Si somos capaces de observar que mutamos, cambiamos de opinión y perspectiva, igual que nuestra mirada no se queda fija en ningún espacio, y cuando lo hacemos el espacio también muta, sin importar lo estático que parezca, nos habremos liberado del burro de nuestra condición de inferioridad. Más es menos. Queremos dejar palpables nuestras convicciones como forma de definir que nosotros somos nuestras convicciones. Ahí es cuando espoleamos nuestro burro que huye al trote de la posibilidad de que haya un punto de encuentro que permita el progreso.

 

Pink Floyd dicen en su letra de la maravillosa “Wish you were here” si me permiten la traducción:

Somos dos almas perdidas nadando en una pecera, año tras año

Corriendo sobre la misma vieja tierra

¿Qué has encontrado? Los mismos viejos miedos

 

Así mantenemos nuestras relaciones. Sin embargo, la perspectiva del abandono del burro es sencilla. Supone trasgredir nuestras fronteras iniciales, las que nuestra mente nos impone para tener una actitud más observadora, una mente más clara y simple y un carácter más genuino y sincero.

Foyan nos dice en referencia a montar el burro: “si no lo montas, se te abrirá todo el universo.”