"Los sabios son los que buscan la sabiduría; los necios piensan ya haberla encontrado" Napoleón Bonaparte

Mirando atrás en mis conocimientos históricos desconozco un periodo histórico que socialmente se haya desvalorado tanto la estrategía como el actual. Hoy día cualquier empresa sea grande, mediana o pequeña, aunque no todas, ya sea año tras año o lustro tras lustro, desarrollan un “plan estratégico”. Los anglosajones, bastante más clarividentes en  casi todo que los latinos, o al menos en todo lo relacionado con los negocios, decidieron llamarle formalmente “management plan” o “bussiness plan”. Sin embargo por estas tierra mediterraneas se acostumbra a hablar de planificación estratégica de forma habitual. Las escuelas de negocios enseñan a sus miles de estudiantes anualmente como desarrollar planes estratégicos. Si hay algo que estos planes tengan de estratégico es como mucho el intento del capítulo uno de bajarnos a la realidad de lo que somos, y no todos los autores están del todo de acuerdo en que sea siquiera el capítulo básico.

 

Insisto en la desacreditación que ha ido degenerando la estrategia en la sociedad moderna. Ahora se considera que plantear el dónde estamos y a dónde vamos es suficiente estrategia. La estaticidad del documento y de las ordenes nos elude de la verdadera arte que supone la dinamicidad del pensamiento. El viejo genio se sustituye por una serie de indicadores que nos dan respuestas automáticas de como actuar ante dicha situación. Evidentemente sin saber qué somos ni dónde vamos no puede haber estrategia posible. Pero aunque no sea poco, ¿es tan sólo eso?

Libros como el Arte de la Guerra  de Sun Tzu o el Sun Bin, o incluso De la guerra de Von Clausewitz suelen ser grandes conocidos de los interesados en estrategia. Muchos de sus lectores quedan fascinados por lo que allí se relata, aunque todo nos parezca lejos de la realidad. Ahi yace nuestro primer error.

Es de común opinión que los días de hoy no hay guerras, al menos que no nos tocan directamente. Vivimos en nuestra propia burbuja, con nuestras preocupaciones e ilusiones y nos impide ver con claridad. Día a día afrontamos nuestras propias guerras. Quizá no tengan nada que ver con lo que consideramos guerras, pues en ellas sólo vemos muertes físicas y sangre. Sin embargo, en nuestra vida afrontamos continuamente muertes de ciclos. Algunos de ellos nos perjudican y otros nos benefician. ¿Cómo podemos decir por tanto que no estamos en guerra? Desde el momento que tenemos intereses estamos en un conflicto, el que nos separa de ellos. Todo el que se interponga entre nosotros y el fin será nuestro enemigo. Desde aquél familiar que no quiere que me relacione con mi pareja, a aquél compañero de trabajo que pugna por un ascenso conmigo a nuestro propio mejor amigo que discrepa en donde irnos de vacaciones.

“Quien no está conmigo, está contra mi” Lucas 11, 23

El pensamiento estratégico es innatural. Lo natural es precisamente lo contrario, dejarnos llevar por los avatares del destino y sólo reaccionar cuando ellos amenazan nuestra posición. Y cuando nos damos cuenta de eso elevar unas defensas que nos permitan responder cuando la situación está fuera de control. Esas defensas nos darán una falsa impresión de estrategia, nos acomodoran en lo profundas y hondas que sean las barreras y nos evadiran de la realidad.

La estrategia requiere de un cambio drástisco en la forma de pensar y actuar. En la mayoría de los casos la estrategia incurrirá en pensamientos que el lego considere locuras o incorrecciones pues su mente aprisionada limitará la comprensión de la situación.

La estrategia requiere de elevación, de observación tranquila y reposada. Requiere de un refugio al que acudir en nuestro interior dónde disponer de protección frente a la tempestad que en el exterior arrecia pero con una panorámica elevada de lo que sucede. El apego limitará nuestra perspectiva. Los condicionantes y convicciones limitarán nuestra estrategia. Si eso ocurre, no se hace estrategia, como mucho táctica planificada.

El pensamiento estratégico no sólo necesita un cambio de forma en la que pensamos, también es un cambio de comportamiento. La estrategia se desarrolla estudiando, sí, pero requiere de análisis de nuestras propias experiencias. Nuestra visión de la realidad está totalmente limitada a las cosas que consideramos importantes. Vemos la vida con un prisma de importancia totalmente deformado. La experiencia será nuestro campo de entrenamiento, donde evaluar las situaciones discurridas y que igual que todo aprendizaje es basado en las sensaciones que tenemos de la actuación.

Si pretendemos obtener el conocimiento estratégico como se adquiere el conocimiento en matrix, estaremos muy lejos de la sabiduría. Comenzaba precisamente el artículo citando a Napoleón Bonaparte. Creo que si echamos un vistazo de nuevo a su cita, creo que es clarividente. Desde el comienzo del artículo la frase estaba allí. Quizá ahora podemos darle otro sentido.

“La vida es una larga batalla; tenemos que luchar a cada paso” Arthur Schopenhauer.